Liliana
Todavía puedo sentir el calor de su cuerpo pegado al mío. Apenas han pasado unos minutos desde que el avión recuperó la estabilidad, pero el pecho me sube y baja con un ritmo acelerado que no tiene nada que ver con el miedo a las alturas. Miro hacia el pasillo, donde Lorenzo ha regresado a su asiento individual, intentando enderezar la corbata y recuperar esa postura de hombre implacable que tanto le gusta exhibir.
Pero para mí, la máscara se le ha caído por completo.
Me obligo a mirar