Laura.-
Las guardias de la prisión caminaban a mis costados, sus rostros eran muros de indiferencia, las agentes encargadas de protegerme estarían solo en las áreas comunes.
Cada paso hacia mi celda era un recordatorio del nombre que ahora escupía con bilis en mi garganta.
Alexander.
Ni siquiera podía creer que mi corazón siguiera sintiendo algo por él cuando ya no estoy en su mente.
— Ojos al frente, 4052 –gruñó una de las guardias, empujándome levemente el hombro.
Tragué seco, el aire e