Ariana
La sangre se ha secado, formando un caparazón oscuro y frágil sobre mi hombro. Un escudo de dolor. Cada flexión del músculo, cada escalofrío que me recorre, despierta el eco mordiente de la hoja. Pero ese dolor ya no es una enemiga. Se ha convertido en mi aguijón, la prueba tangible de que sigo viva, de que aún siento algo más allá del miedo.
Ya no soy Ariana, el ícono roto. Ya no soy Cassia, la presa temblorosa. Me he convertido en otra cosa. Una criatura de rabia y determinación, forja