Nikos Laskaris
La puerta de la suite se cierra con un suspiro ahogado. El silencio del pasillo, acolchado y lujoso, me recibe como a un viejo conocido. Permanezco un instante inmóvil, escuchando. Ni un sollozo, ni un grito. Nada. Solo el zumbido casi imperceptible de mi propia ira, fría y paciente.
Ella cree que esto es un castigo. Una venganza.
Se equivoca.
Esto es una reconstrucción. Una demolición controlada.
Camino con paso lento hacia el ascensor privado, el cuero de mis zapatos absorbido