Ariana
El sonido de su voz es una aguja de hielo que se clava en la base de mi nuca. Me enderezo de golpe, con un movimiento torpe y desgarbado, la espalda pegándose a la puerta fría como si pudiera fundirme con ella, volverme invisible, intangible. Una postura de defensa patética. Mis manos tiemblan a los costados, y las aprieto en puños para ocultarlo, pero sé que él lo ve. Lo ve todo.
Él está inmóvil. Su quietud no es reposo, es acecho. Exuda calma y posesión con cada poro. Todo, en esta hab