La oportunidad que no esperaba.
5:20 a. m.
El teléfono vibró sobre la mesa de noche con una insistencia brutal, rompiendo el silencio espeso de la madrugada.
Alan Fonseca se removió entre las sábanas, desorientado, con la mente aún atrapada entre sueños inconclusos.
Parpadeó varias veces hasta enfocar la pantalla iluminada.
Frunció el ceño, y el nombre que aparecía lo hizo incorporarse de golpe.
—El señor O’Brien… —murmuró, con la voz aún pastosa por el sueño—. ¿Llamando a estas horas? Qué extraño…
«Qué le habrá hecho mi hij