Capítulo 88 —El Peso de la Devoción
El aire en la habitación 1205 estaba cargado, denso por el rastro del sudor, la adrenalina y el aroma metálico de la sangre donde Alessia había dejado sus marcas en el hombro de Enrico. Ella descansaba sobre su pecho, sintiendo el latido errático del corazón de él bajo su oído, mientras el silencio de la madrugada neoyorquina parecía presionar contra las paredes. Enrico, cuyas muñecas aún conservaban el surco rojizo de la seda negra, pasó una mano por el cabel