Capítulo 16 — El Desborde en el Refugio
El trayecto en el coche de repuesto que los hombres de Enrico lograron habilitar en medio del caos de la costa fue un torbellino de silencio y respiraciones pesadas. El rugido del motor era lo único que competía con el sonido de la sangre latiendo con fuerza en las sienes de Alessia. A su lado, Enrico conducía con las manos apretadas en el volante, los nudillos blancos y la mirada fija en la carretera oscura. Ninguno de los dos habló durante los veinte min