Jenna y Rachel se bajaron del coche de David, recibiendo la mano de Edward, quien las ayudó para que no tropezaran con sus vestidos.
El dorado vestido de Jenna brillaba intensamente bajo la cálida luz del sol y, ambos trajes, junto al maquillaje y los peinados profesionales, las hacían ver como si las hubieran sacado mágicamente de una revista de modas.
Jenna miró el edificio que se alzaba frente a ellas, sin poder salir de su asombro. Donde antiguamente había estado su restaurante y su casa, e