Dos meses más tarde, Jenna y Rachel se encontraban sentadas en el sofá de la sala de estar de la mansión, rodeadas por una inmensa cantidad de catálogos de flores, muestras de telas y listas interminables de detalles para la boda. A pesar del avanzado estado de embarazo de Jenna, tanto ella como David habían decidido que lo mejor era celebrar la boda para finales de primavera y que fuera la mejor que se hubiera celebrado nunca.
—No puedo creer que solo falte un mes para la boda —dijo Jenna, mie