El viento salino de las Islas Feroe soplaba con suavidad, llenando el aire de una inigualable frescura, mientras Rachel cerraba los parpados e inspiraba profundamente, antes de soltar el aire con lentitud. La brisa le acariciaba el rostro, despeinando su cabello y envolviéndola en un abrazo frío y cálido al mismo tiempo.
El paisaje que se extendía frente a ella era de ensueño, y parecía haber sido sacado de una obra de arte: colinas verdes que descendían de manera abrupta hacia un océano infini