Luego de entrar en la cocina de la mansión, por la puerta trasera, Markus Whitmore se vio obligado a esconderse en la despensa, a toda velocidad, con el corazón latiendo a mil por horas, al ver que Jenna, la chef, se adentraba en aquella habitación.
—¿Qué hace esta mujer aquí? —se preguntó en un susurro apenas audible.
«Madison, ¡maldita sea!», exclamó para sus adentros. ¿Por qué diablos no le había avisado que aquella muchachita estaría en la mansión? Es más, ¿cómo era posible que estuviera a