Una semana después.
David se acercó a la cocina y se aclaró la garganta, llamándole la atención.
—Señor Whitmore —saludó Jenna con una sonrisa cansada—. ¿Puedo ayudarlo en algo? La cena estará lista en breve.
—Tranquila, hasta ahora no puedo quejarme de tu puntualidad. Sin embargo, me gustaría comentar algo contigo —repuso David, guiando su silla de ruedas hasta quedar frente a ella.
—Oh, claro, señor… ¿Qué necesita? —respondió Jenna, dejando a un lado lo que estaba haciendo para prestarle ate