Consciente de que si quería entender qué pasaba exactamente por la cabeza de aquel hombre y por qué había estado dispuesto a crear una mentira tan grande para deshacerse de su prometida, a Rachel no le quedó más remedio que aceptar acompañarlo a almorzar.
Cuando llegaron a «La Corona Whitmore», Rachel sintió un vuelco en el estómago. En otras circunstancias se hubiese emocionado de acudir a aquel restaurante, que, no solo era uno de los más lujosos del país, sino que era propiedad de su mejor a