Al escuchar la voz angustiada de su madre, Rachel sintió que los hombros se le caían hacia adelante, por el agotamiento, mientras se sentaba en el váter.
—Lo siento, cariño. Pensábamos que esto se solucionaría en un día, pero…, lamentablemente no podremos volver a casa —dijo la mujer, con un tono cargado de cansancio.
—Pero ¿por qué, mamá? ¿Qué pasó?
—El daño es mucho peor de lo que imaginábamos. Si bien tu padre rompió la cañería, cuando lo analizaron los plomeros y los albañiles, nos dijeron