Al escuchar las palabras de su amiga, Jenna abrió los ojos de par en par, sorprendida, y se alejó de ella, mirándola completamente desconcertada.
—¿De qué diablos estás hablando, Rach? —preguntó, con el ceño fruncido, mientras la preocupación se instalaba en la boca de su estómago.
Rachel tragó saliva y bajó la mirada, sorbiendo por la nariz por enésima vez. Su angustia era más que palpable… y Jenna pudo ver cómo el rostro de su amiga se contraía aún más, como si aquello fuera mucho peor que lo