Treinta minutos después de haber recibido la llamada de Rachel, Jenna llegó a la confitería en la que le había dicho que se encontrarían. La brisa de la tarde soplaba con suavidad, mientras Edward estacionaba el coche frente al local.
—Por favor, Edward, ¿podrías esperarme? —preguntó Jenna, mientras tomaba su bolso y abría la puerta.
—Claro que sí, señora. Tómese su tiempo, yo la esperaré aquí —respondió Edward con un breve asentimiento.
—Muchas gracias. Procuraré no demorar demasiado —dijo Jen