La caída hacia la oscuridad me dejó sin aire. Sentí el agarre fuerte y desesperado en mi tobillo, una mano humana que me arrastraba hacia abajo con mucha fuerza.
¡PLAF!
Caí sobre una superficie blanda, pero estaba muy oscuro. Mi corazón latía tan rápido que pensé que me iba a explotar el pecho, ¡tum, tum, tum, tum!
—¿Emma? ¿Estás bien? —preguntó una voz que conocía demasiado bien.
Era mi papá, pero no se veía como el señor mayor de antes. Se veía joven, casi como si el tiempo no hubiera pasado