El mensaje grabado en el brazo de metal me dejó muda. ¿Su hermano? ¿Había matado al hermano de Alexander?
Sentí un vacío en el estómago tan grande que casi pierdo el conocimiento. Mi cabeza daba vueltas, llena de imágenes de la cara de mi papá y de la de Alexander, mezclándose en una confusión horrible.
—¡Dime que es mentira! —grité al aire, mientras abrazaba el cuerpo que ahora era mi padre pero que hace un momento era el amor de mi vida.
Victoria Dupont se acercó flotando, con esa sonrisa de