Capítulo 27: El trono.
La caída fue larga y oscura, como si estuviéramos bajando al centro de la tierra. Aterricé sobre algo que parecía metal frío, sintiendo un dolor punzante en todo mi cuerpo.
—¿Emma? ¡Emma, contéstame! —la voz de Alexander retumbó en la oscuridad con esa profundidad que siempre me hacía temblar.
Sus manos inmensas y calientes me buscaron enseguida en el suelo. Me tocó los brazos, la cara y el cuello con una desesperación que me hizo sentir que él nunca me dejaría sola.
—Estoy bien, creo que estoy