El único culpable...
Mateo permaneció de pie, inmóvil en medio de la sala, con la mejilla aún ardiente por la bofetada de Stella y el pecho desgarrado por la partida de Tatiana. Se llevó las manos al rostro y maldijo en voz baja.
—¡Maldita seas, Stella!
El apartamento, que minutos antes había sido testigo de intimidad y complicidad, ahora se convertía en una celda vacía y fría, en la que él, no sólo era el único acusado sino también, el único que resultó siendo culpable.
La humillación de Stella, sus amenaza,