Desesperada, Jimena corrió hacia la puerta.
—¡Abre! ¡Abre la puerta, maldita bruja! —gritó, golpeando con fuerza la superficie metálica.
El sonido lejano de neumáticos crujiendo sobre la carretera de tierra la hizo palidecer.
—No… ¡no puede ser! —susurró temblando—. ¡Ayúdenme! ¡Auxilio!
El pánico le recorrió el cuerpo. Había confiado en Jane y, por segunda vez, esta la había traicionado. Sacó el móvil de su bolsillo con manos temblorosas, pero la pantalla negra confirmó su peor miedo, estab