Apenas Jane se marchó por la puerta trasera, Stella llamó a su ama de llaves.
—Haz que venga ella, la niñera anterior.
—¿Se refiere a Juliette, mi sobrina?
—Sí, la rubia. —afirmó— Dile que la espero en un par de horas en el mismo restaurante de siempre. No admito retrasos.
—En seguida la llamo, con su permiso.
Stella había esperado no tener que recurrir nuevamente a esa pieza, pero si algo había aprendido en la vida, era a no desaprovechar los errores ajenos. Y Ethan estaba a punto de c