—¡Kathleen Olsen! ¡¿Dónde estabas metida?! —el grito de su padre nada más cruzar la puerta fue su recibimiento.
Su padre giró la silla de ruedas y se acercó para encararla.
—Papá, yo… Siento no haberte avisado, no quise preocuparte.
El rostro preocupado de su padre sustituyó a la furia de momentos antes.
—¿Estás bien, hija? —Kath asintió con la cabeza y él suspiró—. La próxima vez avísame para que no me quede toda la noche sin dormir creyendo que te ocurrió algo malo. Llamé a la policía.