William despertó con un fuerte dolor de cabeza.
La noche anterior se había excedido con el alcohol y su cuerpo pagaba las consecuencias en ese momento.
Parpadeó varias veces para ir acostumbrando a su vista a la luz que entraba por la ventana.
«¡Un momento! ¿Es de día? Dios, me quedé dormido», pensó e intentó moverse, pero tenía un cuerpo femenino apretado contra él. El calor tan agradable que desprendía le hizo acurrucarse con la mujer y abrazarla con más fuerza.
—No quiero levantarme —mus