Aquello tenía que ser una pesadilla, no podía ser real lo que le estaba ocurriendo.
Kathleen se encontraba dando a luz en mitad de un sótano mugriento, en el suelo sucio, con el cadáver de una mujer a su lado y James había salido corriendo hacia la parte superior de la casa.
Intentó levantarse, pero una nueva contracción la hizo dar un grito.
Cada vez eran más seguidas y sentía la presión de los bebés en su bajo vientre.
—Uf, uf, uf, vamos Kath —se dijo a sí misma mientras miraba al techo—, ant