Después de que su marido se enterara de lo ocurrido el ambiente de la casa no volvió a ser el mismo.
Pasaba las horas encerrado en su mente y Kathleen era incapaz de llegar a él.
No quiso asistir al velorio y tampoco deseó saber nada sobre si el cuerpo sería enterrado o incinerado.
Las únicas palabras que pronunció fueron: «que ya de nada servía».
—Está muy mal el señor Hudson —le dijo Mariana esa mañana después de obligarla a desayunar.
Con tanta tragedia hasta el apetito había perdido, cosa r