—Will, no puedes hacer esfuerzos —lo reprendió cuando su esposo bajó la mano hasta la unión de sus piernas y sintió sus dedos meterse bajo su ropa interior. Jadeó al sentirlo, pero intentó detenerlo—. No puedes… No puedes —intentó hablar, pero él no se detenía.
—Puedo y lo estoy haciendo —insistió—. Si me provoca una muerte prematura, será la mejor muerte de todas. Vamos, cariño, tú también quieres.
—Sí, quiero, pero no por los motivos que lo estás haciendo. —Su expresión se puso tan seria que