Elena no podía creer el cambio que había dado su hijo James desde lo ocurrido con el testamento.
Prácticamente se había mudado a la mansión y pasaba mucho tiempo a su lado.
En la última semana no se había sentido muy bien y él la había estado cuidando todo el tiempo.
—¿No has sabido nada de William? —preguntó—. No puedo descansar bien pensando en que un día llegará esa mujer a echarnos de aquí. Creo que por los nervios es que tengo mal el estómago.
—Claro, mamá, es por eso. Ya te lo dijo el doc