Ava y Sebastián finalmente regresaron a su casa después de un par de días en el hospital. Aunque aún se sentían un poco débiles, la calidez y familiaridad de su hogar les proporcionaron un alivio indescriptible. El aroma a flores frescas, que alguien había dispuesto en varios jarrones, impregnaba el aire y les daba la bienvenida con una sensación de paz renovada.
Mientras Ava se acomodaba en el sofá de la sala, acariciando distraídamente una manta de lana, Sebastián revisaba algunos documentos