En la penumbra del auto de Antony, Angela miraba a través de la ventana, observando cómo las luces de la ciudad parpadeaban en la distancia. Antony mantenía la vista en la carretera, sus manos firmemente sujetas al volante mientras el motor del coche rugía suavemente.
—¿Cómo están Ava y Sebastián? —preguntó Antony, su voz baja y cargada de preocupación.
Ella suspiró, volviendo su mirada hacia él. —Fueron envenenados —respondió con un tono sombrío—. La policía ya está investigando, pero aún no h