Alexandre regresó del médico sintiéndose libre por primera vez en semanas. El yeso que lo había confinado finalmente había sido removido, y aunque su pierna aún se sentía débil, caminaba con mayor soltura y, sobre todo, con una sensación de alivio. Al subir las escaleras hacia su habitación, no pudo evitar sonreír. Se sentía más ligero, como si no solo se hubiera deshecho del peso físico, sino también de una carga emocional.
Al abrir la puerta de su habitación, sus ojos se encontraron con Valer