La luz del sol se derramaba sobre la vasta extensión del comedor Montenegro, arrojando destellos de luz que danzaban sobre la plata pulida y la fina porcelana preparada para el desayuno. Ava caminó junto a Sebastián, con la mano ligeramente apoyada en su brazo, una sensación que hizo poco para calmar el revoloteo en su estómago.
—Recuerda por qué estamos haciendo esto. —susurró Sebastián, su voz como un hilo de seda tejiendo a través de sus nervios, estabilizándolos. —Nuestra venganza será dulc