Ava salió de la ducha, envuelta en una nube de vapor, y se detuvo en seco al encontrarse con Sebastián en la habitación. Él estaba de pie cerca de la ventana, vestido solo con sus boxers, su piel brillando ligeramente con gotas de sudor. Un rubor instantáneo subió a las mejillas de Ava al verlo en tales condiciones.
—Oh, disculpa. —dijo, intentando desviar la mirada mientras su corazón latía con fuerza en su pecho.
Sebastián se volvió hacia ella con una sonrisa despreocupada. —No te preocupes,