La madre de Raúl corre hacia este, sosteniéndolo por los hombros antes de que caiga.
Raúl se arrodilla, incapaz de permanecer de pie. No puede respirar. Sonidos absurdos salen de su boca.
Su cuñada regresa corriendo con el respirador que le mandó a buscar José. Este último también se acerca a su hijo, con el corazón doliéndole, aunque por suerte tiene la fuerza para no quebrarse.
—Respira, Raúl. Respira.
El pelinegro cierra los ojos, sintiendo cómo toda la presión en el cuerpo comienza a desapar