Uniendo los hilos.
La incredulidad y la sorpresa envuelven a Raúl el primer minuto en que mira lo que sucede, pero poco a poco eso se transforma en una ira que solo es capaz de gestar en sus adentros, pues ni siquiera tiene la fuerza para apretar debidamente sus puños.
Tiene que descubrir por qué demonios estos dos seres se han encontrado. Ninguna de las posibilidades es buena.
Camina mientras ve el menú, y nota que la mejor mesa que hay para escucharlos está ocupada por una mujer mayor la cual habla por teléfono mientras come. Raúl pide a un mesero que le lleve un café hacia allí, y exhala. Se acerca a la mesa y toma asiento mientras hace una seña sobre si está bien sentarse allí. La mujer mayor lo observa con mucho interés y dice al teléfono:
—Hablando de matrimonio. Creo que Dios me ha escuchado y me ha enviado el marido perfecto para ti.
Y ya que no puede hablar para que no reconozcan su voz detrás, finge ser mudo. La mujer nota su condición pero de igual manera busca la forma de comunicarse con él