Algo no cuadra.
La puerta de la oficina suena y luego Gigi se asoma, abriéndole los ojos en grande. Entonces el hombre pasa los dedos por sus labios y le asiente.
Madison entra con lentes de sol con los que pretende ocultar su tristeza.
—Okay… —murmura John, acomodando el teléfono en su bolsillo—. Hola, Madison.
Ayer recibió una llamada de ella, donde lloraba diciéndole que Raúl había terminado, y le pidió hablar con él en privado. John, no confía en ella, ni siquiera porque sabe que está herida, así que prefi