Algo no cuadra.
La puerta de la oficina suena y luego Gigi se asoma, abriéndole los ojos en grande. Entonces el hombre pasa los dedos por sus labios y le asiente.
Madison entra con lentes de sol con los que pretende ocultar su tristeza.
—Okay… —murmura John, acomodando el teléfono en su bolsillo—. Hola, Madison.
Ayer recibió una llamada de ella, donde lloraba diciéndole que Raúl había terminado, y le pidió hablar con él en privado. John, no confía en ella, ni siquiera porque sabe que está herida, así que prefirió citarla temprano aquí.
—John… Disculpa venir así, sé que me veo patética…
—Está bien, Madison, puedes sentarte. ¿Quieres beber algo?
Después de que ella se sienta en el sofá y pide agua, él se la busca en el filtro, regresa a ella y se sienta a su lado, mirándola expectante.
La pelinegra bebé el agua rápidamente y luego se quita los lentes.
—John… Sé que eres un gran amigo de… Raúl, pero ha llegado muy lejos, y tienes que ayudarnos, antes de que LatinUnion se vaya por el caño por su culpa.
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