Pronto.
Beatrice sacude la cabeza con una risita cuando Raúl y su hija le hacen ojitos. Pues quieren que ella patine con ellos.
—Tengo dos pies izquierdos —miente, con una punzada tibia entre las piernas que le recuerda la entrega que vivieron hace poco.
—Eso es mentira —dice Raúl, recordando sus movimiento en el club.
Pero cuando ella se muerde el labio suavemente, él se eriza, y entiende su razón. Le duele el cuerpo, e intentar hacer esta tarea podría ser incómodo. Se siente culpable por causarle eso, así que piensa en una manera de recompensarlo pronto.
—Está bien mami, si no quieres… —dice su hija, Raúl le acaricia el cabello castaño y Beatrice ve entre ambos.
Sí. Muy parecidos.
Justo cuando están avanzando en la larga fila para solicitar los patines, el chofer de Raúl llega con Romina también de la escuela. Ambas niñas chillan de emoción al verse. A los adultos se les oprime el corazón, así que se dan una mirada feliz.
—¡Mamá de Valentina! —Romina la abraza, con fuerza. Y la mujer la reci