Pronto.
Beatrice sacude la cabeza con una risita cuando Raúl y su hija le hacen ojitos. Pues quieren que ella patine con ellos.
—Tengo dos pies izquierdos —miente, con una punzada tibia entre las piernas que le recuerda la entrega que vivieron hace poco.
—Eso es mentira —dice Raúl, recordando sus movimiento en el club.
Pero cuando ella se muerde el labio suavemente, él se eriza, y entiende su razón. Le duele el cuerpo, e intentar hacer esta tarea podría ser incómodo. Se siente culpable por causarle eso,