Mentiras y una verdad.
Aunque la culpa no deja de golpear su pecho, se convence de que, en cuanto llegue el momento adecuado, le contará la verdad, porque tiene que decírsela, ¿no?
Había olvidado lo que era sentirse realmente nervioso, pero ahora, mientras el bartender le consigue ropa nueva y él ve a Beatrice quejándose en el sofá limpio, lo hace. No volverá a desaparecer de su vida. Su deber antes era dejar un número de teléfono, algún mensaje, ¡pero demonios! No lo hizo porque tenía demasiadas cosas en la cabeza e