Raúl toma una respiración para pensar con claridad lo que dirá, el cómo debería justificarse a este punto; sin embargo, como un golpe de suerte que más adelante le valdrán lágrimas, Beatrice le da una mirada de cachorro, como si no fuera su intención. Y él se derrite. El miedo a perderla cuando la siente tan pero tan cerca, lo obligan a mantener el secreto.
—Lo siento, me alteré —dice Beatrice, en el fondo: asustada por su actitud—. Solo son puntos de vista, señor Meléndez… Yo… Creo que me daría