El precio del silencio.
Beatrice despierta con su hija dejando besos en su rostro.
—Despierta, mami.
El corazón de la mujer se dispara, abriendo los ojos para encontrarse de frente con la mirada inocente de su pequeña. Entonces luego mira hacia un lado, el corazón dando golpes en seco en cámara lenta, hasta que se da cuenta de que está en la habitación de invitados.
«¿Cómo llegué aquí?», se cuestiona.
Una sonrisa cálida se le forma cuando imagina que Raúl la ha llevado cargada hasta allí.
—Buenos días, cariño. ¿Dormiste bien?
Valentina responde que sí, y de inmediato le cuenta que sus abuelos están en la iglesia con Raphael, Dulce y los gemelos, y que Romina está en la cocina con su tía María.
—No hemos visto a papá. No está —dice la niña, preocupada—. ¿Y si está enfermo de nuevo, mami? Nosotras tenemos que cuidarlo…
Beatrice acaricia su rostro, y se estira para darle un beso en la frente. Le parece extraño que se haya ido así, pero teniendo en cuenta que siempre tiene una sorpresa para ella o todos, lo deja