Rojo o negro.
El día lunes en la madrugada, él se despierta. Deja una nota al lado de su cama deseándole buenos días y diciéndole que la quiere; le da un beso en la frente, va a la habitación de la niña y también le deja un beso. Luego sale del departamento y su chofer lo lleva a la mansión.
Un par de horas después mientras está desayunando escucha la voz de Romina.
—¡Papi! ¡No viniste anoche!
Él le dice que estuvo ocupado, y le promete que la recompensará. Ya está lista para ir a la escuela gracias a su tía María, así que cuando esta mira las ojeras de su hermano, sabe que algo grave ha sucedido.
—La llevo yo —dice Raúl.
—No. Yo la llevo. Tu espera a papá, me dijo anoche que quiere hablar contigo, urgente.
Raúl suspira. Se despide de su hija y espera pacientemente a su padre en la cocina. José llega, se sirve café y toma una tostada. Le indica con una mirada que vayan a la oficina.
Estando allí, finalmente su padre le dice:
—La señorita Durán habló conmigo…
El pelinegro se tensa.
—¿En qué momento?