Algún día.
Una hora después, estando en la SUV, con su amiga retocando por última vez su maquillaje, Beatrice recibe un mensaje de María de los Ángeles que le muestra la foto de Valentina y Romina ya vestidas, peinadas para la ocasión con el gato, frente al árbol de navidad.
Beatrice reacciona con un corazón y desvía sus pensamientos, pues si lo piensa demasiado, podría ignorar la incomodidad con Raúl para estar con su pequeña.
Llegan a tiempo al restaurante. Beatrice sonríe cuando nota que en el medio hay un piano gigante, y cuando ve a Theodore reír con sus amigos cerca de este, entiende que tal vez pueda tocar el piano esta noche.
Theodore las recibe con emoción, las presenta a los que no las conocen, y las lleva y deja hasta la mesa del bufete.
Las primeras copas llegan pero Beatrice solo se promete beber una ya que quiere buscar a su hija después de esto. En cambio, su amiga sí toma, aunque tímida y en silencio.
—La próxima vez que te vi en una fiesta, terminaste abandonándome —recuerda Bea