Esa noche, después de varias sin dormir, me abracé a Madison y ella a mí, por fin pude conciliar el sueño, su presencia me brindaba seguridad, sin embargo, la alarma sonó muy temprano.
Abrí los ojos y aun no amanecía, pero lo que tenía que hacer no daba espera, Madison estaba en su lado de la cama durmiendo profundamente; despacio y sin hacer ningún ruido me levanté y me fui hacía el baño, me duche y aliste en menos de 45 minutos, y ella, seguía durmiendo como un lirón.
Me acerqué a ella e