La boutique estaba envuelta en una atmósfera de lujo silencioso.
Luces cálidas descendían desde el techo, reflejándose en los espejos altos que cubrían las paredes, multiplicando cada detalle, cada movimiento, cada expresión. Telas delicadas colgaban como obras de arte, encajes, sedas, bordados hechos a mano… todo dispuesto para un solo propósito: crear perfección.
Y en medio de ese escenario…
Claudia Mendoza.
De pie frente al espejo principal, con la espalda recta, el mentón ligeramente elevad