El mismo vestido.
La última parada llegó. El vehículo se detuvo con suavidad frente a una fachada completamente distinta a las anteriores. No había vitrinas ostentosas ni exhibiciones llamativas. Solo cristal limpio, una puerta alta de líneas minimalistas… y un nombre grabado en letras finas que apenas necesitaba presentación.
Un lugar donde no entraba cualquiera. Un lugar donde los sueños tenían precio. Renata bajó del vehículo con cierta lentitud, todavía sintiendo el cansancio acumulado de todo el día. Sus pi