El vehículo avanzó con suavidad por las avenidas principales de la ciudad, mientras los reflejos del sol se deslizaban sobre la carrocería negra como un espejo impecable. Dentro, el silencio era denso… pero no incómodo.
Renata observaba por la ventana.
Su mente aún estaba intentando ponerse al día con todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo.
Su vida había cambiado por completo.
Y el hombre que conducía a su lado… era la causa de ello. Sebastian no hablaba.
Sus manos firmes sobre el volant