TE AMO...
La lluvia golpeaba suavemente los cristales del vehículo.
Una lluvia constante.
Melancólica.
Como si el propio cielo hubiera decidido acompañar el dolor que habitaba dentro de Renata.
Las gotas descendían lentamente por la ventana.
Uniéndose unas con otras.
Desapareciendo después en largos caminos transparentes.
Renata observaba aquellas gotas sin realmente verlas.
Porque sus pensamientos estaban demasiado lejos.
Demasiado perdidos.
Demasiado rotos.
El vehículo avanzaba por la carretera mientra