La noche había caído sobre la mansión Vegetti.
Después de abandonar aquel lugar donde había permanecido retenida, Renata había regresado junto a Sebastian.
Los médicos insistieron en revisarla nuevamente.
Los guardias aumentaron.
Las medidas de seguridad se multiplicaron.
Pero nada de eso parecía importar demasiado.
Porque por primera vez en muchas horas, Renata podía respirar con tranquilidad.
Estaba a salvo.
Y Sebastian no se había separado de ella ni un instante.
Aquello provocaba una extrañ