La habitación permanecía completamente en silencio.
Las cortinas estaban parcialmente cerradas, dejando entrar apenas algunos reflejos dorados del amanecer.
Claudia permanecía recostada sobre la cama con el rostro pálido.
Una mano descansaba sobre su vientre mientras sus ojos observaban el techo sin realmente verlo.
El embarazo.
Todavía le costaba procesarlo completamente.
Pero junto al miedo… también había descubierto algo más.
Poder.
Porque ahora entendía perfectamente cuál era el punto débil